12.14.2006

la entrevista al feben (sin -iano)

-¿Cómo concibe usted la literatura?
Es un parto difícil, porque se trata de la hermana fea de la popularidad y la riqueza; es decir: si uno no puede ser guapo, hace literatura; si uno es un inútil sin mucho swing, hace literatura; si uno es todo lo anterior, o todo lo contrario, escribe, y entonces la cosa se pone divertida porque lo que tenemos es una literatura que, además de boba, insulsa, más bien pendeja y con la falda apretujada entre las piernas, se queda sin respuesta. Diría, pues, que la literatura es el cromosoma jodido que hace del inutilísimo y terco arte de escribir (quiero decir: de emborracharse para creer que se puede), un niño con las facciones raras y las piernas chuecas.

-¿Cuál es su concepto sobre la creación literaria?
Buen tino y muchas horas de TV. Haber escuchado sobre un tal Borgues y tener muchas ganas de entender el chiste. Llegar tarde a casa y pensar que el noticiero es un sketch de Mr. Bean, o al revés. Todo esto o, sencillamente, no saber hacer otra cosa que beber y maldecir, teniendo la sensación de que la vida hay que aprovecharla de alguna forma. Tres minutos en el micro, revolver con más alcohol, y listo.

-¿Cuál cree usted que sea la parte más importante en cuanto a la creación literaria, inspiración o disciplina?
El cromosoma dañado y la fenilalanina, o sea: tino y mala leche.

-¿Cree usted que la literatura debe ser un producto de elite o considera que debería tener un impacto social mayor?
Siempre defenderé la causa de la literatura para todos, y dudo que haya un graffiti que escape de la categoría literaria. Escribiré mis textos en blogs gratuitos y generaré revoluciones armadas a partir de mis sagaces y concienzudos comentarios. Eso antes de que me empiecen a pagar por hacerlo: después de eso, si quieren que mis poemas se conviertan en canciones del grupo más reciente de Luis de Llano (aunque, de facto, cualquier cosa que yo haga terminará siendo eso, de algún modo) o que generen congresos o premios literarios con mi nombre a cuestas, que hagan lo que quieran. En cuanto llegue la plata yo me largo a Kuala Lumpur.

-¿Cuál es, en su opinión, el papel que juega la literatura en la sociedad actual?
La literatura juega al papel de baño más caro del mundo.

-¿Considera usted que la literatura mexicana contemporánea está lo suficientemente “valorada”?
Claro que sí. Sobre todo por quienes la producen. Y por quienes la critican. Los demás preferimos gastar el tiempo libre hablando de las tetas de la nueva compañera de trabajo o del pobre gatito muerto de Doña Guille, las cuales sí son historias más o menos relevantes.

-¿Cree usted que la literatura mexicana contemporánea tenga un gran impacto social?
¿Conoces a algún escritor interesado en tenerlo?

-¿Cree usted que la literatura mexicana contemporánea busca “romper” con la tradición literaria anterior?
Creo que la literatura mexicana contemporánea busca romper las pelotas de alguien. Si otra cosa se cruza en el camino, me imagino que será ganancia.

-¿En su opinión la literatura mexicana contemporánea se encuentra en una etapa de crisis?
No; creo que está en una etapa de crack (¿Cierto, Nacho?).

-¿Cuál diría usted que es una de las obras “fundamentales” de la literatura mexicana contemporánea?
La de los hermanos Moderatto y todas sus similitudes.

-¿Cree usted que la forma en que se concibe la literatura hoy en día tiene que ver con un sentimiento de época?
No: todas las concepciones de hoy día, y sobre todo en literatura, omiten un elemento necesario para entender el acto de la concepción estos tiempos: el porno. De hecho, dudo que cualquier escritor esté concibiendo algo: si cualquiera de ellos se ocupara de concebir (en el sentido bíblico del término), no sólo no tendrían tiempo para escribir, sino que cualquier cosa les interesaría más que siquiera imaginarse escribiendo. En todo caso, la forma de concebir la literatura se parece más a la forma en la que la gente concebía hace muchos años, con la crinolina puesta y la sábana blanca esperando ansiosa la muestrita de virginidad. Y yo dejé de creer en las hadas madrinas hace algunas horas. Si cualquier cosa se concibiera como debería concebirse hoy día, todos seríamos Paris Hilton, y los escritores tendríamos más la actitud del pornstar (vernos como popstars, beber como rockstars, divertirnos como pornstars) que la actitud del ejecutivo de negocios.

-¿Considera que el “desasosiego” producido por la posmodernidad ha hecho que la literatura se aleje de procesos innovadores en cuanto a la creación?
Al contrario. Yo espero con ansia el día en que inventen la escritura de microondas, y sé que falta poco tiempo. Eso me ahorraría mucho espacio. Por lo pronto, me conformo con leer blogs.

-¿En su opinión la literatura actual ha vuelto la mirada al pasado para resignificar mitos y arquetipos de épocas anteriores?
No. Pasa que, mientras la literatura caminaba retozona y chapeada por una calle de Madrid, le ha parecido oir que alguien gritaba su nombre. Volvió la mirada, creyó haber visto a algún viejo conocido, y en seguida se ha dado de frente con una cabina telefónica. El que gritó era un lechero que insultaba en ese momento a la madre de algún chico más o menos idiota que trató de robar un litro así nomás de compadres.

-¿Cuál es su opinión ante el debate modernidad-posmodernidad en cuanto al quehacer literario contemporáneo?
Me parece la aportación más importante de la academia, y una discusión harto pertinente. Así, mientras se pelean por ver si eran más lindas las palabritas en el sombrero o los panfletos crackovianos, los demás podemos dedicarnos a escribir en paz. De ahí en adelante, creo que la posmodernidad se quedó en la tiendita de souvenirs que pasamos hace un par de horas.

-Para algunos autores la posmodernidad se define como “la era del vacío” ¿Está usted de acuerdo con esa definición y cómo afecta esto a la literatura?
Supongo que será causa de buenos chistes, y que algunos aprovecharán para escribir obras de quinientas cuartillas tratando de justificar que de vacío, no nos queda mucho. Yo lo que haría es publicar un libro en blanco, lo cual no es tan distinto y puede traducirse en alguna obra escrita por un lector enojado sobre mis hojas burlonas y vacías, lo cual sería hablar en serio.

-¿Dónde ubicaría usted su obra en el marco de la literatura mexicana contemporánea?
En la esquina inferior izquierda, justo sobre la garigola de pewter que tanto le gusta a la Tía Toña.

-¿Qué repercusión tendría en su obra pertenecer al movimiento denominado “crack”?
Seguramente sería más viejo. Y mi jeta podría estar en un espectacular de lentes. Y conocería Madrid. Y podría quejarme y decir que no y que Rulfo mis huevos y luego trataría de reproducirlo secretamente, sin ambages y de una manera bastante insulsa. Y aún así la gente compraría mis libros. Y Papá Gobierno me permitiría publicar un libro de chistes. Sí, hay que admitir que no sería tan malo.

-¿Podría explicar a grandes rasgos cómo define dicho movimiento?
Conozco a un wey que trabaja en Pfizer o en Coca Cola que siente un acalorado repudio por todo lo que le signifique terruño; sin embargo piensa que, de algún modo, su mcjob en la transnacional bancaria más grande del mundo puede merecerle algún día el paso a la historia. Tiene 30 años y todavía vive en casa de sus padres, a quienes critica por el sabor de los huevos revueltos de la mañana o por las patillas canas. Nunca le hemos conocido una novia más o menos guapa; él se escuda en que tiene un montón de admiradoras en Colombia o en Miami, lo cual puede ser cierto pero resulta siempre un poco siniestro. Y aunque se dice lo suficientemente liberal como para no casarse nunca, sabemos que en el fondo su miedo al altar no tiene nada que ver con open-mindness, sino con que es más puto que Andy Warhol. Creo que, palabras más, palabras menos, eso es el “crack”.

-¿Considera usted al grupo del “crack” como un movimiento de vanguardia?
Para nada: la vanguardia ya es de retaguardia para el crack, así que ellos están adelante y, al final del día, ¿qué importa? La literatura mundial no conoce de vanguardias, sino de arte (¿Cierto, Jorge?).

-¿Cree usted que dentro su obra narrativa se puede notar, en la mayoría de los personajes que construye, un sentimiento de “desencanto”, de “desasosiego”?
Yo diría que todo es culpa del insomnio y de los malditos infomerciales que le hacen creer a uno que la felicidad está a vuelta de correo. De ahí, lo que queda es esperar el repiqueteo del timbre, botella de whisky en mano. Si eso es desasosiego o desencanto, llámennos a mí y a mis personajes legión de desasosegados. La verdad yo creo que tiene que ver mucho más con la necesidad de reconectar la fiesta.

-¿En su opinión este “desencanto” forma parte de un sentimiento de época?
Sí. El desencanto es fundamento primordial de la mercadotecnia, que es la única forma de filosofía o de arte capaz de explicar estos tiempos (¿Cierto, Eloy?).

-¿Considera usted que en la literatura contemporánea el personaje del héroe debe ser construido como un hombre “común” para que este logre la identificación del lector actual?
Mientras quede bien claro que el personaje es i-dén-ti-co a Jet Li, cualquier cosa sobra. O falta. O las dos.

-¿En su opinión sus cuentos podrían identificarse con una corriente literaria especifica?
No. Cualquier literaria que sea más o menos corriente les sirve igual.

-¿Cree usted que los personajes arquetípicos construidos en la literatura repercuten en los modelos sociales de la época actual?
Después de ver a Fox, me quedo convencido de ello.

-¿Cree usted que existe alguna diferencia, en cuanto a creación literaria, entre los escritores que viven en la ciudad de México y los que radican fuera de ella?
Por supuesto. Cualquier simio con anteojos podría notar que los pulmones de los primeros van a estar mucho más contaminados, lo cual implica una vida más corta o más peligrosa, lo cual genera la nece(si)dad de vivir a prisa y escribir a prisa y aprovechar de paso para mentar la madre de cuanto acontecimiento ralo suceda y tratar de morir joven con tal de vivir joven y aprender a tocar el claxon que es así como se hacen el resto de las cosas. Afuera no sé qué pase, pero me queda claro que, por lo menos, tienen el tiempo de persignarse o hablar de literatura.

-Si tuviera que elegir un genero literario especifico (cuento, novela, ensayo), ¿En cual diría usted que se siente más cómodo?
Eso depende: hace un par de semanas encontré un nuevo modelo de ensayo ergonómico que parece ser tremendamente cómodo; sin embargo, ya se sabe que size-does-matter, así que, en este sentido, la novela gana. El cuento de mi sala me genera nostalgia, porque casi siempre echaba ahí la siesta. Aunque, para ser sinceros, da un poco lo mismo, porque últimamente no he dormido muy bien y casi siempre despierto con el cuello torcido.

-¿Cree usted que la literatura debe ser un “lugar seguro”, una forma de escapar de la realidad o por el contrario, considera que la literatura debe propiciar una reflexión profunda sobre el mundo en el que se vive?
Primero, a estas alturas de la vida la literatura parece ser virgen y medio mojigata. Así que debe ser adicta a la masturbación, me imagino. Porque de coger, de atreverse, nada; la literatura pervierte con las manos su propia calentura (y la hiende sin pudor). Hueva.

-Según el poeta argentino Oliverio Girondo: “Un libro debe construirse como un reloj y venderse como un salchichón” ¿Estaría usted de acuerdo con esta forma de mirar la obra literaria?
¿En serio? A mí siempre me había parecido al revés: que muchos libros son salchichones de dudosa procedencia a precio de Rólex. Además, yo no entiendo muy bien qué tiene que ver un pedazo de molleja o una piecita de cuarzo con un acento en su lugar y en paz. La literatura debe venderse como es: por gramo.

-¿Cree usted que la literatura puede abrirse camino entre la sociedad de consumo sin dejar por ello de ser “buena literatura”?
Creo que la literatura de hoy se parece a un MC neoyorkino o a una canción de reggaetón: vende más en la medida en la que diga más su propio nombre en las canciones. E, igual, de ser buena o mala, no sé: yo la bailaría, pero no la pondría en mi i-pod.

-¿Cuáles son los autores que usted consideraría como sus “maestros” o los que han influido en mayor medida dentro su obra?
Cerati, Los Simpson, Monterroso y San Cobain. Aunque estoy seguro de que, en algún momento, alguien me puso un audiolibro de Paulo Coelho mientras estaba dormido.

-¿Para usted cuáles serían los cinco libros que cualquier persona tendría que leer?
Los que le ayuden a terminar la prepa y a tener una conversación medianamente divertida e incoherente.

-¿Para usted cuáles son los cinco libros que cualquiera que se dedique a la literatura tendría que leer?
Por supuesto, todos los de los autores del crack (¿Cierto, Pedro Ángel?).