8.29.2006

o no

La cosa en realidad, es muy sencilla. Si se atiende a los principios más básicos de la física tradicional, no será necesario sentarse debajo de un árbol, esperar pacientemente por la inspiración, y recibir con sorpresa una manzana en la cabeza, para darse cuenta de un principio simplísimo que demarca todo lo que conocemos y lo que estamos por conocer: la cosa puede ser manzana o no. Lo que quiero decir es que las cosas, todas las cosas, desde la bacterias del principio de los tiempos hasta el concepto más imaginario, son lo que son o no son lo que son, en cuyo caso son otra cosa.

Si pudiéramos aceptar sin reparos este principio que Lavoisier planteaba como visa a la Historia, si entendiéramos que una cosa no puede ocupar el espacio de otra al mismo tiempo, si escucháramos con más atención el “¡eureka!” de Arquímedes cuando comprobaba desnudo esta única Gran Verdad, la cosa sería mucho más fácil para todos. Bien pudimos habernos evitado a Sheakespeare y su incomodísimo “ser o no ser”, que no era otra cosa que una forma poco elegante de reafirmar lo dicho; pudimos haber pasado por alto a Nietzsche y sus terquedades del superhombre que es hasta que es; el sexo estaría bien entendido y no existiría el amor. Si Adán hubiese advertido aquella tarde que la paz es por completo, sin miramientos ni condiciones, sin límites ni ponderaciones, sin grados ni niveles, igual que todo lo demás, seríamos una feliz especie incapaz de clasificar cosas. Porque la única categoría sería el ser, y Heidegger sólo hubiese sido un esquizofrénico sin manicomio.

Clarísimo, no hay más: las cosas son o no son, sin relativos. Plutón fue un planeta feliz durante 76 años, y luego no lo fue: dejó de ser planeta y ahora es sólo Plutón, el bastardo. La única clave correcta es el ser, y la única ciencia válida en este contexto es la ontología, que por otra parte no tendría razón de ser si admitiéramos que ser es ser y ya está. Nuestros diccionarios serían simples folletos de colección, porque sólo existirían dos palabras repetidas hasta la náusea, en un obvio ejercicio sterniano: ser es ser es ser es ser es ser; en todo caso, tendrían un contrapunto que permitiera la negación arbitraria para responder a las obvias necesidades del propio ser para encontrar el vacío en el que no se encuentra, y esa palabra sería NO. De tal suerte que el sentido de todo lo que hiciéramos sería la negación, y cuando menos tres filósofos se retorcerían en su tumba todo el día. O no.

Es evidente, y habría que ser un terco para entender que cualquier ponderación al respecto es baladí. Un perro es un perro si es perro, y, si no, el perro no es perro. Esa es toda la cuestión: ser o no ser. Todos somos Hamlet, o no somos nada. No hay cabida para estados momentáneos, no hay tonalidades de grises, no hay conjugaciones del verbo porque ser es ser, no era ni será: si es, es.

La cuestión se complica para nosotros porque (siguiendo la misma lógica), estamos fuera del ser germano-sajón: somos no-germanos-sajones. Y venimos los monicongos cruzados, los bastardos latinoamericanos (como Plutón) a regodearnos de una certeza inquebrantable: somos no-norteamericanos, no-europeos, no-occidentales, no-indígenas, no-orientales, no-nada. Somos el vacío de la nada. Somos la no-democracia, la no-legalidad, el no-respeto. Somos el “no ser” de Hamlet. Hace cinco minutos un embajador gringo se sienta en el programa de Oppenheimer a decir que hay dos bandos en América: los que quieren acercarse a Estados Unidos, y los que no quieren acercarse a Estados Unidos. Simplísimo. NAFTA vs. MERCOSUR. Sencillísimo. Ser o no ser; buenos o malos; adentro o afuera. No hay puertas ni ventanas, hay cuartos cerrados, refugios inquebrantables para el golem despotricado que espera el soplo divino para ser. Pero, mientras, no es.

Sin embargo, se mueve: viene un francés a decir que “la existencia precede a la esencia”, y los germanos rascan cabezas: traducen todo como un “be to be”; les parece idiota. Pero se estrellan contra un verbo del cual carecen: estar, que precede al existir, que precede al ser. Estar es el espacio en el cual uno no acaba de decidir si la manzana es manzana o pera o algo que parece manzana. Estar es el momento en el que se crean las palabras, en el que el mundo danza alrededor de un verbo, en el que las cosas se anticipan, se anuncian, se enamoran de sí mismas; estar es la órbita errática de Plutón, el instante de la palabra al pronunciarse. Estar es el momento táctil donde se posan todos los seres.

América Latina, para el gobierno estadounidense, no-es. Pero nosotros sabemos estar, sabemos que estamos. Somos un no, somos un planeta bastardo excluido del ser. Pero en nuestro no, en nuestra eterna negativa, somos también un constante estar. ¿Estamos?

4 Comments:

At 1:22 PM, Blogger W.J. Porter said...

La bonanza del bienestar es la carencia del bienser.
Hip hip hurra la escuela de Frankfurt.

 
At 5:27 AM, Anonymous Pistorius said...

....si fuera homosexual, estaría completa y absolutamente enamorado de ti...


ja ja ja ja ja ja...

bello, bello cinismo...

 
At 1:22 AM, Blogger 3rn3st0 said...

Baso mi comentario en lo que me parece más relevante, eso si, sin quitarle importancia a lo que antes o despues dices...

--- o ---

"La cuestión se complica para nosotros porque (siguiendo la misma lógica), estamos fuera...

¿Tan poca cosa somos?. Aún cuando entiendo tu rabia, tu malestar (leí lo que dices en Claxon y comparto todos esos sentimiento, debiendo admitir, sin embargo, que no leí, escuché o ví el programa de Oppenheimer.

NO soy un monicongo, NO soy un muñeco, tampoco soy germano, ni gringo (eso de norteamericano me suena a imperialismo), tampoco soy eureopeo, menos aún indígena u oriental. En todo caso no pretendo ser ninguno de ellos, y puedes estar seguro de que no soy vacío, y menos tu, que escribes como escribes.

¿Democracia, ilegalidad, respeto?, ¿debo ser acaso un cordero respondiendo a los mandatos de quienes dirigen al mundo? (según ellos). Hamlet les queda grande aún cuando sólo sea un personaje en una obra de teatro.

No critico al gobierno de USA, hacen lo que pueden por mantener su hegemonía y su dominio sobre el planeta, tal y como lo dice la teoría de ser el "gendarme de la libertad"... disculpa casi vomito con eso último.

Son sólo intereses económicos, tanto de los dirigentes como de las grandes corporaciones (cuyas nóminas están repletas de esos dirigentes).

Ser bueno o malo es un concepto que "ellos" nos han vendido los bad boys y los good boys, basura propagandística, más de lo que el aparato estadounidense nos ha vendido.

Te cito nuevamente: América Latina, para el gobierno estadounidense, no-es.

¿Y como carajos vamos a ser?. Por fin estamos despertando, aún cuando en México se halla mostrado la más grande estafa electoral de la historia, jamás de había visto en ese país a un pueblo reclamando por sus votos.

Podría dar más ejemplos, pero no quiero caer en propagandismo. En todo caso quiero que sepas que me identifico con lo que dices y piensas, aún cuando nuestras visión sea algo diferente.

Ha sido un placer leerte. Espero que mantengamos contacto, y si he sido grosero o altanero me disculpo, es que sólo imaginar lo que dices que habló ese h.... me llena de rabia.

Ya llegará nuestro momento.
Pero nosotros sabemos estar, sabemos que estamos. Somos un no, somos un planeta bastardo excluido del ser. Pero en nuestro no, en nuestra eterna negativa, somos también un constante estar. ¿Estamos?

 
At 1:23 AM, Blogger 3rn3st0 said...

Mmmm... El último párrafo en mi comentario no me pertenece, es tuyo, no se como terminó allí.

Lo siento.

 

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